Su único amor….

La mujer del cabello largo y gris andaba despacio mientras recordaba lo sucedido, intentaba analizarlo desde otra perspectiva distinta. Cuando sucedió todo ella había sido parte implicada, por lo tanto su objetividad quedaba anulada.

El ruido incesante de la lluvia no había parado en toda la noche, intercalando estruendosos truenos. Uno de los truenos debió amortiguar el sonido del disparo. También cabía la posibilidad de que hubieran utilizado silenciador. La policía todavía no se había pronunciado sobre el tema.

Ella había descubierto el cuerpo herido, inútil su rehabilitación, estaba muerto. El único hombre que había amado desde los trece años yacía muerto en sus brazos.

Lloró amargamente durante horas. El timbre de la puerta comenzó a sonar. Sus llantos cesaron. Aguzó el oído y pensó quién podría ser. No se levantó a abrir.

Cansados de llamar sin obtener respuesta y ante la gravedad de la situación, una vecina había llamado alertando del sonido de un disparo procedente del piso contiguo, decidieron forzar la cerradura y entrar.

En el salón la encontraron con el rimel corrido, la peluca en el suelo, el relleno del sujetador esparcido por el sofá y como única prenda unas bragas.

Se la llevaron esposada y le hicieron muchas preguntas, pero no pudo responder a ninguna, había entrado en estado de shock. Un médico la examinó y dijo que necesitaba descansar para recuperse, le hizo tomar una pastilla que ella tragó con agua. Cuando se quitó la manta que le había proporcionado un policía para cubrirse dejó en ella un dulce olor a fragancia. A cambio sólo pidió su peluca.

Ahora bajo los efectos del tranquilizante recapacitaba sobre lo ocurrido.

Su amor muerto, él como hombre sólo había conocido el amor de un hombre, nunca había estado con una mujer, sin embargo, a su amor le gustaban las mujeres y mucho. A él lo tenía para cubrir la falta de éstas en las noches solitarias, y para colmo lo hacía vestirse como ellas.

“Desde fuera, como si no me hubiera ocurrido a mí, así podré ayudar a la policía a esclarecer quién mató a mi amor” pensó.

De repente llegó a una puerta, intentó cruzarla, mas unas manos lo retuvieron. “A donde te has creído que vas” dijo alguien. Esa voz le resultaba familiar. La medicación empezaba a hacer efecto y pudo verlo todo claro: Estaba en el psiquiátrico por haber matado a su amor, su único amor desde los trece años, sin él nunca hubiese descubierto las maravillas del sexo, sólo con él y para siempre. No podía ser, su amor muerto y él en el psiquiátrico. No le gustaba ese final.

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