El nuevo y viejo Bond…

Os habéis parado a pensar qué será del mundo cuando el señor Bond, James Bond alcance la honorable edad de 65 años y se jubile? Y eso siendo optimistas, que no está uno precisamente versado en el convenio laboral de los Servivios Secretos de Su Majestad y tal vez sus agentes se apuntan al Imserso incluso antes. Como para ponerse a temblar, ¿no les parece? Quiero decir que, bueno, allí está el nuevo Bond, ¿no?, todo rubio y todo cachas, puro músculo, en plena efervescencia vital, que no hay quien lo pare, vamos, y quedémonos con ese, porque el de David Niven ya no cuenta ni por asomo. Ahora este es el precedente, el principio, y después de éste viene –vino, qué ironia y qué lío- todo lo demás, que fueron -son- todos los demás, es decir, ya sabéis, el insustituible Connery, el carapalo Moore, el sin par –literalmente- Lazenvy, el soso Dalton, y el indespeinable Brosnan. Para que luego digan que lo de Corporación Desmoestética es sólo cosa de mujeres… En fin, a lo que íbamos, que Daniel Craig es un portento, eso está claro, ¿no?, sólo hay que ver la primera persecución para darse cuenta. Cualquier otro ser humano ya se habría dejado el hígado y el bazo en la segunda hostia, pero no sé qué pasa que a los británicos los hacen de otra pasta. Suerte de su tediosa y engolada flema, que si no volverían a dominar el mundo. Si los españolitos dispusiéramos de su secreto ya habríamos invadido primero Polonia y después el Mundo, con un par de huevos, mas nuestro CESID o como ahora carajos se llame no ha ido nunca demasiado allá de lo risible. En definitiva, que ser british mola, te cunde el gimnasio que es una barbaridad, sobre todo cuando eres joven, y claro está, las tremendas gachís se te pegan al musculamen como raja de culo a calzoncillo. Mojas un día sí y el otro también. Aunque supongo que para todo eso es también necesario apellidarse Bond, si no me equivoco, porque luego mirad qué otros jetos de la Pérfida Albión vagabundean por ahí. Pensad en Rowan Atkinson, o en John Cleese, así a bote pronto. ¿Vosotros los veis encajando un golpe de grúa industrial en pleno epigastrio? Pues yo tampoco.

Pero me estoy descerebrando por momentos. La cuestión más o menos es esta, que nos lo tragamos todo, como las vacas, nos lo dan más o menos masticadito y ala, igualito que ellas, a rumiarlo despacito y bien. Renovarse o morir, como mandan los cánones, aunque sea renovándose con los más viejos harapos que encuentres en el baúl de la abuela, porque si te has de poner a parir nuevas historias ten cuidado, no sea que se te hernie el cerebelo y tengamos que llevarte al doctor House, que te ponga unas lavativas. Y que conste que a mí ya me está bien, me lo pasé bomba, ya estaba cansado de tanto Bond haciéndose el graciosillo y tirando de gadgets para salir con bien de todo apuro. Este nuevo Bond, que es, recordémoslo bien, el viejo Bond, es decir, el Bond de hace muchos años, cuando fue joven, aunque entonces no había telefonía móvil y ahora en cambio parece que todo el tinglado lo patrocine en la sombra Vodafone. Pero qué se le va a hacer, de algún sitio hay que sacar la pasta para destrozar coches de lujo y cambiar fichas de plástico por millones de dólares, haber si os créeis que una peli Bond se la saca uno del refajo como el que acude a Steve Martin a que le saque un molar. Así que bien por el Bond hipermusulado y poco dado a darle a la bocaza. Me gusta como encajas, tío. Sobre todo lo de la cuerda boloncha en las pelotas. Tú sí que tienes un par y no el toro de Osborne. ¡Que los quiten todos! Y por gustar me gusta hasta tu manera de especular con el mercado inmobiliario. Eso mismo, ¿Venecia?, que la hundan toda y construyan un aparcamiento…, y también un centro comercial, por supuesto, que en algún sitio tenemos que vender los deuvedés versión extendida y director’s cut.

Aunque me extraña, la verdad, lo poco avispado de algunos editores, que no han aprovechado este nuevo lavado de cara para sacarme en kiosco la Ian’s Fleming Complete Collection, con portadas nuevas y la primera pieza del smoking, esto es, la pajarita, de regalo con la primera entrega. Y con la segunda unos labios postizos de silicona, para poder molar a lo Craig y tener todo el rato pinta de chico Martini. Te paso incluso hasta que tus chicas Bond no sean, la verdad, del mejor ver y óptimo catar, pero ahora que lo pienso, estabas empezando, ¿no?, al fin y al cabo eran tus primeros ligues: luego con los años ya fuiste afinando con las mozas. Aunque me turba siempre una cosa, y más en los tiempos que corren, tu despreocupada fiebre priápica. ¿No te asusta el Sida, macho? ¿Y la gonorrea? ¿O la sífilis? ¿Y de las ladillas qué me dices? Ah, claro, que tú eres un gentleman y a ti estas mierdas no te afectan, que para eso distéis el callo en Trafalgar… En fin, que después de todo no está mal el saldo, te da hasta para poner una conferencia con las islas Malvinas, conque iré a ver tu próxima aventura si es que me encuentro todavía por estos pagos, y contaré ansioso los días que falten para tu jubilación, porque a partir de entonces la seguridad del mundo recaerá única y exclusivamente en las manos del buenazo de George Bush y entonces sí que habremos pisado mierda. Que Dios y la Reina nos cojan confesados. Al fin y al cabo lo único que hecho en falta del antiguo Bond, es decir, el Bond que serás con los años, es Spectra, que claro, ahora que lo pienso bien, todavía no se ha formado, o poco le debe faltar… ¿Quién sabe?, tal vez derive como ramificación ultrabastarda de Al-Qaeda, y el tipo mandamás acariciando al gato que jamás enseña la jeta será el mismísimo Laden. Conque ya sabes, carga bien las pilas que no veas todo lo que se te viene encima, monín… Ah, y a Christopher Lee, si puedes, dale un par de hostias bien dadas de mi parte, así, PLAS!, PLAS!, manaza abierta y de izquierda a derecha, que siempre me cayó un poco gordo y hay que bajarle esos humos…