Bond, James Bond: las seis caras de un espía

Un sábado del último septiembre, con las legañas resacosas nublándome la visión y el pensamiento, pude por fin oír el tema que el divino (porque él lo vale) Chris Cornell había escrito para ‘Casino Royale’. Junto al poco convencional tráiler donde Daniel Craig parecía liarse a hostias con sus freakoides ciberdetractores, tal es la pasión que destilan esos fotogramas de aperitivo, la sensación era simplemente electrizante. Un Bond como debe ser, con su pátina de realismo, preferentemente gruesa.

Entonces no pude evitar acordarme de Timothy Dalton y su dramático paso (en todos los aspectos) por la saga. Pero antes de llegar a las analogías entre Craig y Dalton, echemos un vistazo a los gañanes, esto… galanes que han encarnado al agente secreto más cool (junto a Flint), que ha dado el cine.

SEAN CONNERY

El primero, y para muchos el mejor. Pero Ian Fleming, el padre de la criatura, no recibió muy bien la elección del escocés. Le parecía demasiado basto y ordinario (Connery era un currela con todas las de la ley), que distaba mucho de su refinada creación. El propio Fleming era hijo de un diplomático y tenía experiencia militar. De una mezcla de ambas cosas salió 007, quien en las novelas era duro y pichabrava pero sin jamás perder las formas. Una fantasía de británicos estirados, diría yo. El caso es que la Guerra Fría pedía un icono que aliviase la tensión política y la franquicia Bond resultó un excelente revulsivo, además de una institución en cuanto a cine taquillero se refiere, ya que el Reino Unido no puede presumir de poseer muchos blockbusters en la historia de su producción cinematográfica.

Connery dio el físico, pero también una aridez interpretativa y un rictus demasiado arrogante. Al ser el primer actor de la serie, la inevitable aureola de mito siempre le acompañará, pero insisto en que no me parece el mejor de los Bond, si acaso correcto y con un alto atractivo sexual, pero hueco si se examina con atención. Eso sí, supo como manejar el cinismo e ironía bondianos con mucho estilo.

GEORGE LAZENBY

El éxito que el personaje le reportó a Connery motivó a éste a lanzarse a otros retos, además del lógico desgaste y terror al encasillamiento que seguramente debía padecer. Pero la máquina ya estaba en marcha y no podían clausurar la serie por un contratiempo de este tipo, así que se buscó a alguien que supliera la baja. Incluso en aquel 1969 ya se pensó en Timothy Dalton para encarnar a 007, pero finalmente se deshechó la idea dado que Dalton era demasiado joven.

Se escogió a un ex-militar australiano que entonces trabajaba como modelo, y Broccoli, el productor, quedó encantado por su presencia física. ‘On Her Majesty´s Secret Service’ fue un relativo fracaso, y Lanzeby tomó la peor decisión de su carrera al no querer renovar su contrato. De ahí llegó a trabajar en películas de artes marciales bajo el manto de Raymond Chow, y hasta a protagonizar un ignoto y chungo film llamado ‘Ninja Robot’…

Debe decirse que Lazenby no desagradó del todo, siendo considerado uno de los Bond más fieles al personaje original. Eso y que ‘On Her Majesty´s…’ era el primer film donde lo trágico hacía acto de presencia, alejando a Bond de su fantástica indestructibilidad.

ROGER MOORE

Pese a que Connery aceptó a interpretar ‘Diamonds are Forever’, se marchó definitivamente (aunque luego retomó al personaje en la no-oficial ‘Never Say Never’, un remake de ‘Thunderball’). Entonces entra en escena el más cachondo de todos los Bond y con el que se instaurarían muchas de las claves del moderno cine de acción como los chistes entre bala y bala y unos gadgets cada vez más sofisticados. La etapa Moore es quizás la más autoparódica, donde no era difícil verle haciendo el ridículo. Una apología del playboy millonario en toda regla, donde las chicas ya se multiplicaron y con ellas los ligues por film. La época más sana y divertida de la serie, aunque no muy bien considerada por los puristas.

TIMOTHY DALTON

Tras el retiro voluntario de Moore, el smoking pasa a manos del a mi parecer más creíble y dramático de los Bond. Dos films donde 007 las pasó bastante canutas en muchos aspectos. En la ficción, donde le era revocada su licencia para matar, perdía a su mejor amigo y buscaba venganza a toda costa, se enamoraba perdidamente y sin chulanguerías de alcoba… y en lo personal, pues ya se tentó antes a Pierce Brosnan, que debió rechazar por su compromiso con ‘Remington Steele’. Al librarse Brosnan de su contrato televisivo, se le ofreció ‘Goldeneye’, que en un principio debía protagonizar Dalton. Una lástima, pues Brosnan me parece el peor y más insustancial de todos los Bond.

PIERCE BROSNAN

Irlandés para más señas (y es que irónicamente hay pocos Bond ingleses), y poseedor de una carrera poco envidiable antes de 007. Su entrada en escena resulta un regreso a la socarronería de Moore, pero sólo en parte, pues Brosnan parece limitarse a seducir a la cámara con su eterno mohín de estreñimiento. Eso sí, el público femenino encantado de conocerle, huérfano de un Bond humedecedor desde la partida de Connery. Cuatro títulos a cual más olvidable, a los que se pretendió dotar de un verismo político que jamás fue necesario. Con el cambio de época también el jefazo, M, pasó a ser una sobreactuadísima como siempre, Judi Dench, algo así como la Nuria Espert del Reino Unido. El entrañable Q (Desmond Llewelyn), el más veterano de la saga, aguanta hasta el último aliento, y es reemplazado por el Monty Python John Cleese, quien tampoco dispone de mucho espacio para contentarnos con su comicidad.

Afortunadamente Brosnan se largó, imagino que cosas de los productores de la serie, siempre buscando renovar al personaje.

Después de las estúpidas e infantiles rabietas de muchos fans, que con internet intentaron boicotear la entra de Daniel Craig en el universo Bond mediante la publicación de artículos donde se le desprestigiaba gratuitamente, se puede hablar de retomar el tono que Timothy Dalton instauró. Un Bond más humano, más agresivo, más violento y menos autoindulgente. Justo lo que Ian Fleming quiso desde el primer día, y qué mejor modo de hacerlo que tomando su primera novela, ‘Casino Royale’, para partir de cero. No me olvido de la psicodélica y tronchante versión de 1967, un desfile de renombrados actores y directores, con banda sonora del gran Burt Bacharach y donde hasta Orson Welles se dejó ver. Con todo ello, sólo suponía una abierta y muy libre visión de algunos capítulos de la novela.

Y aquí hemos terminado. Que sí, que he pecado de subjetivo, pero mi podio de honor lo conforman Moore, Dalton, y visto lo visto, diría que Craig. Con un Martini Vodka agitado pero sin batir y los pechos de Eva Green, me despido.

Aquel 4 de Diciembre en Andalucía…

Fue un 4 de diciembre, pero de 1977, quizá uno de los días más grandes de la historia de Andalucía, aquel día cerca de 2 millones de andaluces salieron a las plazas y calles de cada pueblo y ciudad de esta tierra enarbolando la blanca y verde, embargados por la ilusión, por la fe en esta tierra y reivindicando la autonomía para esta tierra tan vilipendiada tras años de Dictadura Franquista.

Como dijo el cantaor José Dominguez Muñoz “El Cabrero” Dale alas y volará, al pueblo de Andalucía, Dale alas y volará, que es un ave doloría, que busca la libertad que le han negao toda la vida”. Aquel día el pueblo andaluz voló y se hizo oír, jamás tantos andaluces y andaluzas habían salido a las calles con un mismo objetivo, fue un golpe de fuerza ante el gobierno central, queríamos la autonomía, sí, pero por el Artículo 151 y no por el 143 como en Madrid se buscaba.

La región entera estaba en la calle aquel domingo gris de 1977 que los andaluces lograron teñirlo de blanco y verde de esperanza, clamaron que ellos eran “El Pueblo” y que como tal tenían el derecho a decidir, era de justicia. En Sevilla, capital de Andalucía, la histórica bandera de Andalucía, que las hijas de Blas Infante habían guardado celosamente desde su asesinato en el verano de 1936, salió de nueva a la calle, y fue la única que encabezó una manifestación donde 500.000 personas recorrieron el trayecto desde El Prado hasta la Plaza Nueva.

Miles de banderas verdiblancas ondeaban en todos los rincones de esta tierra, centenares de pancartas portadas por la muchedumbre exigían la “Autonomía Plena” para Andalucía. 70.000 personas salieron a la calle en Cádiz, 120.000 en Granada, 80.000 en Huelva y Córdoba. Hasta más de 250.000 andaluces en Cataluña, convocados por las “Asociaciones Andaluzas” y con el lema “Día Nacional del País Andaluz” recorrieron las calles de Barcelona llenando Las Ramblas y la Plaza de San Jaime, con su tierra en el corazón a pesar de la distancia, clamando también por una autonomía auténtica y no una descentralización administrativa.

Pero a aquellas manifestaciones festivas del pueblo andaluz no les faltaron provocaciones que iban desde la contra manifestaciones de corte fascista como ocurrió en Sevilla, hasta la colocación de banderas españolas en edificios públicos sin la andaluza al lado, como estaba autorizada, caso de la Diputación de Málaga, la negativa de que la bandera andaluza ondeará llenó la manifestación de Málaga, donde salieron a la calle más de 150.000 personas de negros presagios, durante el recorrido de la misma y al pasar por la sede de la Diputación, un joven malagueño  trepó hacía al balcón para depositar la bandera verdiblanca donde desde un principio debió estar, en ese mismo instante la policía cargó contra los manifestantes, y uno de los disparos mató a aquel joven que había subido con su bandera, se llamaba José Manuel García Caparros, en aquel mismo lugar donde cayó muerto, se levantó un altar improvisado por donde pasaron miles de malagueños en días posteriores.

Aquel clamor del pueblo andaluz, ese 4 de diciembre de 1977, desembocó en la victoria del Referéndum del 28 de febrero de 1980, donde a pesar de la oposición del gobierno central se consiguió aquel anhelo de autogobierno, de las gentes de Andalucía, que un día soñó, por vez primera, Blas Infante.